Tomando un café mientras aprendo a usar la Máquina de coser

Llevaba tiempo pensando en aprender a usar la máquina de coser, pues para poder hacer banderines u otras manualidades, me vendría genial.

Así que con la fiebre que me ha dado por los cursos, me puse a buscar como loca y ante mi sorpresa me encontré con la mejor opción que ni me podía imaginar: ¡Un café donde te dan cursos para aprender a utilizar la máquina de coser!

Sin pensármelo dos veces, llame para reservar fecha y estaba como loca porque llegará el día.

Y por fin, llego!!

Allí me encontraba yo, en la calle San Pedro, en Café costura de Tete y me senté enfrente de la que a partir de ese momento, iba a ser mi maquina, y loca por aprender a utilizarla.

Al principio me pareció muy complicado, sobre todo el hilvanar el hilo (ingenua de mí, pensé que las máquinas modernas te ahorraban ese problema de estar mirando por un ojo e intentando atinar para que el hilo entrara por el ojal, pronto me sacaron de mi error)

Tete nos enseño como funciona una máquina, como teníamos que hilvanarla y después a utilizar el pedal (he de reconoceros, que flipe cuando vi el pedal, nuevamente en mi mundo imaginario pensé que las automáticas te leían el pensamiento y que iban como los videojuegos funcionando con el on, pero claro, a una máquina de coser, le tienes que marcar tú el ritmo y la velocidad)

Después de describirnos todas las partes que forman una máquina de coser, nos dio las indicaciones para que nos soltáramos y comenzáramos con nuestra costura, en un papel, pero costura al fin y al cabo.

Nos dio un papel con diferentes figuras geométricas: tres rectas, unos conos y finalmente dos circunferencias. 

Empezamos con las rectas, aunque al principio eran cualquier cosa menos rectas, pero nos sirvió para cogerle el tranquillo a la velocidad de la maquina

Luego con los conos, y así poder saber que había que parar, levantar y girar el trabajo para poder continuar

Y finalmente los complicados círculos, que ante mi asombro me salieron bastante bien, incluso mejor que las rectas.

Después de nuestra aventura, lo mejor era relajarnos un poco y tomarnos un café, o té o zumo y aprovechar para entablar conversación con todos los que allí estábamos.

Concluida la bebida, vuelta al trabajo.

Tete me enseño como se debía coser correctamente y se sentó para explicármelo

Las dos horas se me pasaron volando.

Esa noche soñé con el “tracata” de la máquina y estoy como loca por poder comprarme una para seguir practicando en casa.

Aunque he de decir que en el Café de Tete también te dan la opción de alquilar la máquina por horas y también te dan una bebida

Me temo que esto me va a crear adicción.

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